La ONU ‘cuela’ la ideología de género en un informe sobre el derecho a la educación

La ONU ‘cuela’ la ideología de género en un informe sobre el derecho a la educación

El organismo actúa con este documento como un gobierno mundial: hace abstracción de las circunstancias concretas, discrimina las creencias religiosas, y utiliza formulaciones de instancias privadas como base de su afirmación

La ONU, una herramienta al servicio de la ideología

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La Asamblea General de la ONU sacó a la luz el pasado mes de julio el ‘Informe Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la educación’ que, en realidad, es un documento propagandístico sobre educación sexual que difunde la doctrina de género apoyada desde algunos organismos de las Naciones Unidas.

Sobre este informe cabe hacer unas consideraciones:

1.- La ONU actúa con este documento (algo que no es nuevo) como un gobierno mundial que determina qué tienen que hacer los estados en materia de educación sexual y cómo debe ser impartida en las escuelas para niños y niñas. Todo esto sin considerar las más mínima intervención de los padres ya que el documento ignora absolutamente la labor e importancia de los mismos.

Con este hecho, las Naciones Unidas ya marca una concepción extrema de su cometido porque ni es un gobierno mundial, ni puede dar indicaciones a los estados sobre hacia donde dirigir sus gobiernos, y ni si quiera la educación depende de las instancias gubernamentales, sino de los padres.

2.- La ONU difunde un pensamiento marcado por el adoctrinamiento de la ideología de género. Esto queda patente en el ‘Resumen’ del informe que sitúa el documento en “una perspectiva de género y de diversidad”. Evidentemente, por diversidad se entiende homosexualidad. Con esta actuación (no es la primera) que hace la burocracia de la ONU, el organismo entra en conflicto con su única razón de existir: la representación global de los estados miembros y el respeto a su diversidad.

La ONU tiene dos niveles, uno es la Asamblea General y otro el Consejo de Seguridad de la ONU. Ambos organismos gestionan instancias supraestatales, conflictos mundiales y un brutal entramado burocrático fuera de control gobernado por un burócrata cuyo objetivo es hacer crecer a la propia burocracia, su secretario general Ban Ki-Moon.

La Secretaría General no debería poder generar una ideología que sea contraria a los estados miembros, excepto cuando son medidas aprobadas por la Asamblea General relativa a los Derechos Humanos, y a los pactos políticos, culturales y sociales sobre derechos Humanos y la declaración de los Derechos del Niño. Con el Informe sobre el derecho a la educación, la ONU se salta esta condición y, unilateralmente, propone una línea educativa partidista y sesgada.

3.- Además, el documento actúa contra las creencias religiosas y las discrimina. Un ejemplo de esta afirmación es el que encontramos en la introducción del texto cuando se afirma que “el Estado Moderno […] debe velar para que la totalidad de sus ciudadanos y ciudadanas accedan a una educación de calidad, sin permitir que las diversas instituciones religiosas establezcan patrones de educación o de conducta que se pretenden aplicar no sólo a sus fieles, sino a la totalidad de la ciudadanía, profesen o no esa religión”. El informe generaliza así la situación de todas las confesiones sin concretar, y abre un panorama incierto sobre qué significa que los gobiernos tengan que “velar”.

4.- El documento, al querer ser un planteamiento válido global, hace una serie de recomendaciones también generales que tienen sentido en países poco desarrollados o en vías de desarrollo, o, también, en países donde existen situaciones de desigualdad entre la mujer y el hombre. Sin embargo, difícilmente son recomendaciones que se puedan aplicar a un país occidental.

El peligro de estas afirmaciones recae en que se pueden coger parágrafos, extrapolarlos aplicándolos a, por ejemplo, España y el resultado es poco menos que sorprendente.

Un ejemplo de afirmaciones que pueden tener validez en un caso concreto, pero que no se pueden extrapolar es la que hace el Relator al sostener que “el patriarcalismo es un sistema de ordenación social que impone la supremacía de los hombres sobre las mujeres, aunque también determina estrictos roles a los hombres e incluso divide a los géneros en contra de sí mismos. Además de la desigualdad de género, el patriarcalismo impide la movilidad social y estratifica las jerarquías sociales”.

También se induce a la generalización del patriarcalismo cuando se afirma que “es un sistema que causa y perpetúa violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos, como son la violencia y la discriminación contra las mujeres”. Evidentemente, el sistema patriarcal depende del país donde se sitúe y generalizaciones de este tipo llevan al error.

El informe sugiere que la educación sexual debe implementar “estrategias educativas, diferenciales y flexibles en función de las diversas necesidades de las y los estudiantes, tomando en cuenta la existencia de personas con necesidades especiales –como las personas jóvenes no escolarizadas o las mujeres jóvenes casadas- a quienes resulta necesario educar para la sexualidad por otras vías diferentes a las de la educación oficial”. La ONU, en lugar de preconizar la “salud sexual”, debería mostrarse más capaz de controlar a sus propios soldados entre los que se han dado casos de violación de las mujeres nativas; o acudir cuando pueblos de un lado violan a las mujeres de los del otro lado. La ONU es una máquina de fabricar ideología y que posee una especial incapacidad sobre el terreno. Esto ha quedado patente en su misión en Haití, que en la actualidad es un protectorado de la ONU debido a su falta de gobierno real y que protagoniza un descontrol ciudadano absoluto.

El informe no deja escapar la oportunidad de aplicar un severo sofismo al más puro estilo ‘si A es B y B es C, A es C’; es el caso del siguiente razonamiento:

“19. El derecho a la educación incluye el derecho a la educación sexual, el cual es un derecho humano en sí mismo, que a su vez resulta condición indispensable para asegurar que las personas disfrutemos de otros derechos humanos, como el derecho a la salud, el derecho a la información y los derechos sexuales y reproductivos. 20. Así, el derecho a la educación sexual integral hace parte del derecho de las personas a ser educadas en derechos humanos. 21. Para que la educación sexual sea integral y cumpla sus objetivos, debe tener una sólida perspectiva de género”. Es decir, que el mecanismo perverso que sigue el documento es el siguiente: el derecho a la educación incluye el derecho a la educación sexual, como el derecho a la educación es un derecho humano, también lo es la educación sexual. Como la educación sexual para tener entidad debe tener una perspectiva de género, es evidente que la ideología de género es un derecho humano.

Hacer abstracción de las circunstancias concretas de un hecho convierte al documento de la ONU en monstruoso. Ese es el problema de los abstractos universales. Por ejemplo, si se afirma que todo el mundo tiene derecho a una vivienda se hace demagogia cuando se aplica esa afirmación a países en vías de desarrollo.

5.- El informe hace sistemáticamente una cosa indecente: coge formulaciones de instancias privadas y las coloca como base de su afirmación, esto en un texto que se quiere de referencia universal es inadmisible. El documento eleva a la categoría de universal un aspecto concreto. Esto representa a todas luces un intento de manipulación que se da al transformar los Derechos Humanos en homosexualismo político e ideología de género en base a los principios de Yogyakarta.

Los principios de Yogyakarta sobre la Aplicación del Derecho Internacional de Derechos Humanos a las Cuestiones de Orientación Sexual e Identidad de Género, es un documento que se desarrolló a petición de la ONU y que contiene una serie de principios legales cuyo fin es la aplicación de las derecho internacional de derechos humanos en relación a la orientación sexual y la identidad de género. En definitiva, estos principios proponen una hoja de ruta a la ONU y los estados para que se haga una relectura de los Derechos Humanos en clave de homosexualismo político.

El documento, en esta línea, da por sentado situaciones axiomáticas que no están demostradas como por ejemplo cuando afirma: “El Relator se permite reiterar que una educación integral es garantía de un ambiente democrático y plural”. Esta afirmación contraviene lo aprendido a través de la Historia, ¿o no existía una magnífica “educación integral” en la Alemania nazi o en la antigua URSS (claro está bajo los preceptos de los respectivos partidos)? ¿Realmente ese hecho consiguió que se “garantizase” un ambiente “democrático y plural”?

Además, manipula la esencia de los Derechos Humanos al afirmar como un paradigma positivo que las personas reciban una educación en Derechos Humanos “con perspectiva de género y diversidad”, ¿por qué los Derechos Humanos tienen que leerse desde la perspectiva de género?

El Relator también define el concepto “salud sexual” de la misma forma que la OMS, es decir, como salud adaptada al sexo: “la salud sexual es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad, y no simplemente la ausencia de afecciones, disfunciones o enfermedades; la salud sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de gozar de experiencias sexuales agradables y seguras, exentas de coacción, discriminación y violencia”. Es evidente que una persona que tenga deseo sexual sigue estando sana, ¿qué tiene que ver eso con tener una mala salud?

El informe constituye un ejemplo más del uso partidista e intervencionista que se hace de la ONU, un organismo creado para los más altos ideales humanos y que ha derivado en una máquina ideológica de burocracia al servicio de un doctrinarismo promovido por multinacionales de grandes intereses y pequeños ideales.

Puede leer el original aquí

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